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El primer encuentro de una madre y su bebé

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El encuentro es precisamente el momento en que una madre y su bebé se conocen mutuamente después del nacimiento

Jueves, Marzo 24, 2016

¿Qué ocurre cuando al fin llega ese día tan añorado en que nace el bebé que se ha esperado por tantos meses? Muchas veces los hechos no suceden como se esperaban, y no se sienten las cosas que se suponían. ¿Cómo funciona ese real encuentro entre una madre y su recién nacido?, ¿Qué se supone que es lo “normal” o “adecuado”?

Carla Vivanco M., psicóloga de la Universidad Católica de Chile, Magíster en psicología clínica de la Universidad del Desarrollo y Directora Fundadora de PadresCreciendo, responde a estas interrogantes.

El encuentro

Hemos revisado el proceso de embarazo y las tareas psicológicas que se deben alcanzar para llegar en un estado emocional favorable para recibir al bebé. El encuentro es precisamente el momento en que una madre y su bebé se conocen mutuamente después del nacimiento. Si las tareas propias del embarazo se resolvieron en forma más o menos satisfactoria, la madre llegará a este encuentro con menos miedo, más ganas de recibirlo y con una idea más realista acerca de sí misma y su bebé.

En este primer encuentro, es normal y posible que primen sentimientos contradictorios. Usualmente, una inmensa alegría mezclada con temor y ansiedad. Ese bebé que en la imaginación ya había llegado a ser familiar, ahora se evidencia como un completo “desconocido”. La madre mira su carita, el detalle de sus facciones, lo revisa e inspecciona, lo acaricia y le susurra. Suele pensar en lo pequeño y frágil que se ve, pero aunque le asusta, suele sentir enormes deseos de conocerlo, de pasar tiempo con él/ella y prima la esperanza de un buen desempeño de su rol como mamá.

El parto

La forma en que se ha dado el parto, no influye de manera directa en el primer encuentro; pero sí, indirectamente, puede interferir en el estado emocional de la madre, lo que a su vez puede predisponerla negativamente al conocer a su hijo. Por ejemplo, un parto que ha sido doloroso puede generar rabia, un parto prematuro, puede aumentar el miedo y ansiedad, un parto complicado, puede inclinar a la madre a sentir temor de perder a su hijo. Si el estado emocional de la madre no es óptimo, ésta puede sentir menos deseos de tomarlo y amamantarlo. Por el contrario, un parto en un ambiente tranquilo, sin estrés, con menos dolor y en su tiempo correcto, resulta más favorable para generar sentimientos positivos y, por ende, un mayor deseo de interactuar con el bebé.

No obstante, estas circunstancias, no determinan el resultado final del encuentro, porque una madre puede sobreponerse, aceptando sus propias contradicciones, dándose el permiso de sentirse de ese modo y con la tranquilidad de que sus emociones cambiarán más adelante. La madre puede reponerse si fabrica en su mente pensamientos positivos que la ayuden a sentirse mejor. Los demás pueden ser de ayuda y dar aliento si se muestran comprensivos, le dan el tiempo que requiere sin presionarla y reconocen y validan su derecho de sentir lo que siente.

Contacto piel a piel

El contacto piel a piel, también llamado “bonding”, es el contacto físico entre una madre y su bebé, en cuanto éste nace; permitiendo que el bebé sienta la piel de su madre, los latidos de su corazón e idealmente, inicie su alimentación.

Muchas madres piensan que este evento es la clave del Apego Seguro y se sienten muy frustradas y tristes, si las circunstancias del parto o la salud de su bebé, no lo hacen posible. Es radical informar que este encuentro es maravilloso, que favorece emociones positivas en la madre y en el bebé, que ayuda al inicio de la lactancia y muchos otros aspectos beneficiosos, que es conveniente desde todos los puntos de vista; pero que en ningún caso define el desarrollo de un patrón de Apego Seguro, ni tampoco determina como será la lactancia o la relación madre-hijo, aunque puede predisponer positivamente a ambos y esto dependerá nuevamente de cómo lo viva la madre y su capacidad para generar pensamientos positivos que deriven en un buen estado emocional.

El proceso de ajuste

El primer encuentro suele ser muy recordado por las madres y, cuando han primado sentimientos más confusos o derechamente en la madre ha primado la rabia, el temor o el rechazo; ellas suelen sentirse culpables y pensar que afectaron a sus hijos. Es importante recalcar, que este es sólo un evento, que ciertamente puede ser más favorable si la madre se restaura y acepta sus propias contradicciones, pero lo determinante para la salud mental de su hijo será el proceso de ajuste que se desarrolla a partir de este encuentro. El ajuste es el proceso en el que madre e hijo se van conociendo y acomodando el uno al otro en sus necesidades y formas de ser.

Los estudios en esta área han demostrado que los bebés nacen conectados con su entorno y con los seres humanos que se relacionan con él. El recién nacido busca la mirada de otras personas, sigue sonidos, gesticula, se estira, hace sonidos, llora y otras muchas conductas que revelan su deseo de interactuar con los demás. También se ha demostrado que los bebés, se conectan con el estado emocional de sus cuidadores principales y responden a él(1).

En este proceso, que dura varios meses, madre e hijo se van descubriendo, se van adaptando y van aprendiendo modos de relación. Por ejemplo, la madre puede descubrir que su hijo es sensible a los sonidos fuertes y se acostumbra a susurrarle al oído para calmarlo, o un bebé descubre que su madre acude rápidamente con sólo gemir y aprende que no necesita exaltarse o llorar para llamarla.

Esta primera etapa de la vida vincular de una madre y su bebé es relevante. Se trata básicamente de regular los estados fisiológicos y emocionales del niño: ayudarlo a regular su temperatura corporal, crear patrones de sueño y alimentación y posibilitar la regulación de sus emociones; haciéndolo de un modo que le haga sentir al niño que alguien lo comprende, lo ayuda y le da todo lo que necesita. Se va desarrollando de manera favorable, si la madre acepta las características de su bebé y las interpreta de una manera que le resuenen positivas; por ejemplo: “debe estar cansado” en vez de “es un bebé llorón”, “necesita que yo lo calme” en vez de “no me deja tranquila”. Mientras más positivos son los pensamientos de una madre respecto de su hijo, más favorable será su manera de relacionarse con él, más disponible se encontrará para calmarlo y confortarlo, más experiencias de calma y seguridad experimentará su hijo y más posible será que su bebé establezca un patrón de Apego Seguro, que es patrón óptimo de vinculación relacionado con una adecuada salud mental de la vida infantil y adulta.

(1) Lecannelier (2006) aludiendo a estudios de Trevarthen (1979): Lecannelier, 2006. Apego e Intersubjetividad: la influencia de los vínculos tempranos en el desarrollo humano y la salud mental. Santiago: LOM ediciones.

Colaboración de PadresCreciendo
Autora: Carla Vivanco Moreno
Magister en Psicología Clínica
Fundadora y directora de PadresCreciendo
www.padrescreciendo.cl

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